Canal RSS

Archivo del Autor: Carmen Calvo

UNA DE GANGSTERS

Publicado en
UNA DE GANGSTERS

Desde que leí hace tiempo esta columna de Reverte yo también “me pregunto cómo hacen los que no vieron cine ni leyeron libros para interpretar la vida”. Por eso, cuando J me propuso que viera con él una serie en Netflix que no era precisamente la que yo hubiera elegido, no me pude escaquear. Hace tiempo que asumí que absolutamente nada de lo que “yo le recomiende” va a influir en su libre criterio de lo que quiere o no quiere ver (en todo caso, la moneda siempre caería en el lado del no), así que si “una amiga le recomienda algo”, no voy a ser yo quien lo censure. Eso sí, ya que me invita, no voy a perder la oportunidad de carraspear llegado el caso y hacer notar de algún modo que tal o cual escena no es del todo un modelo a seguir en la vida… Lejos quedan los tiempos en que Peter Pan y su adorable tropa aparecían en la pantalla de mi tele un día sí y otro también. Demos paso a Tommy Shelby y sus Peaky Blinders.

Creo que me perdí los primeros capítulos pero su empeño por ponerme en antecedentes, con aquello de que la trama empezaba acabada la primera guerra mundial, con fechas y detalles que bien le pueden venir en futuros exámenes en el colegio, me reafirmó en mi buena disposición para empezar a verla con él. Vamos por la cuarta temporada. Uno de los puntos a favor, que las temporadas son cortas. No se andan por las ramas. Ni falta que hace. Una trama principal con todo el peso en el personaje de Tommy y las justas secundarias para enriquecer al resto de los personajes no necesitan más capítulos. Más puntos positivos: la música. La banda sonora acompaña de una manera absolutamente embriagadora. Un pequeño inciso por comparar. Hace poco empecé a ver algún capítulo de Las Chicas del Cable y de hecho ahí anda, en el limbo de las series sin acabar… Aunque también es verdad que para gustos colores. Sigamos: los comienzos de capítulo… enlazando con el final del anterior de una manera que te anuncia que algo gordo va a pasar a lo largo de éste. Así sí se engancha a la gente. Así sí. Los diálogos… aunque Tommy Shelby sea un hombre de largos silencios y pocas palabras. Los diálogos con los villanos de cada temporada me recuerdan tanto a las pelis de antes. Y luego están los personajes femeninos… Polly, Ada, las distintas amantes del protagonista… Merecerían otro post aparte. Me lo pensaré.

El punto negativo lo marcaría mi conciencia social de madre madrísima. He tragado mucha saliva viendo esta serie en el mismo sofá que ese larguirucho que hace nada era un bebé. Me temo que él también. Cuando era pequeño y en alguna escena había demasiados besos o le daba miedo, se echaba a correr por el pasillo o se tapaba la cara con la primera almohada que pillaba. Ahora, cuando los besos van siempre más allá, se pone a mirar el Instagram no se haya perdido algo interesante en los últimos veinte minutos… Me acuerdo de mi madre… Qué fácil lo tenía con aquello de ¡uy, mira, dos rombos, mayores de dieciocho años, ale, a la cama!… Y a la cama que me iba… Sacudiéndome esa pequeña losa de estar viendo algo políticamente incorrecto por lo que fácilmente pudieran quitarme la custodia (y no lo digo sólo por el sexo), comienzo a analizar la serie y descubro que no se aleja tanto de aquellas películas en blanco y negro que me cautivaron a su misma edad. Los de mi generación nos lamentamos que nuestros hijos apenas conocen el cine clásico. Realmente, tienen una oferta tan amplia que sólo algún que otro bicho raro buscará aquellas películas que veíamos nosotros en la tele. Con este pensamiento se me acaban los argumentos para censurarle la serie. Qué le voy a decir cuando yo misma crecí convencida de que hasta el mismísimo Bogart escondía un tierno corazoncito debajo de aquella gabardina.

Casablanca escena final

Anuncios

TODO ESTÁ BIEN

Publicado en
TODO ESTÁ BIEN

Sientes que todo está bien cuando recibes estos días de Navidad con la mezcla justa entre otra semana más y algo especial. Cuando no te agobia pensar que se te ha echado el tiempo encima y no compraste el marisco cuando todavía tenía un precio razonable porque piensas que, en casa, en realidad, nunca supimos si nos gustaba o no el bogavante porque nunca lo comimos. Sientes que todo está bien cuando te das cuenta que no se puede echar en falta algo que nunca llegaste a conocer y cuando sabes que los tuyos aprecian más una comida sencilla en buena compañía que todos los lujos del mundo.

Sientes que todo está bien cuando el tiempo atenúa las heridas de las ausencias. Porque te vas dando cuenta que, aunque la vida corra deprisa, los seres queridos que un día se fueron siguen presentes en las conversaciones y en los recuerdos. Con la primera ausencia, los primeros meses, los primeros años, mantuviste ese temor de que su recuerdo llegara a difuminarse en el olvido. Pero acabas por aprender que no es así. Y entonces asumes otras pérdidas con más serenidad y sientes que, en el fondo, todo está bien.

Todo está bien cuando ella vuelve a casa por Navidad. Y entonces aquel anuncio del turrón que marcó nuestra infancia cobra todo el sentido del mundo. Anda que… Te llegan a decir hace un año que tu misma ibas a ser una de las protagonistas de la escena y ni te lo hubieras creído. Pero así es. Y esperas con ilusión que se haga la hora de salir hacia la estación para recogerla y darle ese abrazo que hace casi un mes que no le das…Ahora un mes se te hace una eternidad, pero tienes la absoluta certeza de que las ausencias cada vez serán más largas y también lo asumes porque, en el fondo, sientes que todo está bien.

Todo está bien aunque la puerta hasta ahora siempre abierta de su cuarto, de repente se cierra durante horas. Ya no sabes si tienes un adolescente o un extraterrestre en casa. Pero llega la cena de Nochebuena y reconoces que, aunque a veces parece que vaya a estallar, acaba por hacer ese esfuerzo por no enfadarse y al final incluso participa de las bromas y la conversación como uno más. Y deja que le mires a los ojos sin apartar la mirada y acaba la noche pidiéndote que le acuestes como años atrás. Y cuando cierras la puerta (porque él te lo pide) sientes que todo está bien.

Sientes que todo está bien cuando coges un nuevo calendario y descubres que el año que va a comenzar acaba en ocho, como el año en que naciste. Y haces la cuenta y descubres que el número que resulta es una cifra realmente redonda y espectacular. Y entonces miras atrás, comienzas a repasar todo lo que tienes o, más bien, todo lo que eres y te das cuenta que tampoco necesitas mucho más. Y reconoces que ni siquiera es por falso conformismo o falta de ambición. Y entonces recuerdas la última broma de tus hijos, cuando te recuerdan una frase que, al parecer, dices a menudo y caes en la cuenta de que… “pues eso está muy bien también, ¿no?”
fondo-de-ano-nuevo-con-purpurina-dorada_23-2147719602Fondo de vector creado por Freepik

LA AMIGA ESTUPENDA

Publicado en
LA AMIGA ESTUPENDA

“Los libros nos salvan la vida y nos ayudan a sobrellevar los momentos más duros.” Lo decía Rosa Montero en otra de sus maravillosas columnas este pasado domingo. Repentinamente, tengo que pasar toda la mañana en el hospital, acompañando a un ser querido en un episodio más de su larga enfermedad, así que refuerzo mi mochila de supervivencia con el libro que espera su turno desde hace unas semanas en mi rincón de los papeles y las cosas pendientes. Es “Patria”, el aclamado libro de Aramburu que, seguramente, muchos de los que leáis este post, ya habréis digerido. Sin embargo, tengo una sensación extraña. Hace dos días que acabé otro libro de esos que atrapan e, incluso, diría yo, subyugan y no me parece el tiempo suficiente de reposo para dejar que otra historia comience a deambular por mi cabeza mientras cocino, mientras camino de un trabajo a otro, mientras limpio… mientras hago cualquier otra tarea cotidiana de esas forzosas y obligatorias que anteponemos al delicioso placer de sentarnos a leer.

Recuerdo que mi querida Paula, una de mis periodistas y escritoras favoritas (tengo unas cuantas, ya lo sabéis), me animaba hace unos post a contar mis lecturas de verano. Siento que ese tiempo ya ha pasado y no es porque no las recuerde, no. El requiem por un campesino español de Sender, Oculto Sendero de Elena Fortún o Los besos del Pan de Almudena Grandes, son libros difíciles de olvidar.  Pero en este momento me apetece mucho más escribir unas cuantas sensaciones de lo que ha sido mi lectura de la historia de Lila y Lenù, protagonistas de “La amiga estupenda”, el libro de Elena Ferrante que, curiosamente, me recomendó una buenísima amiga (y busco otro adjetivo para no reiterar el del libro). Mi amiga, que me conoce muy bien, sabía que Juliette acabaría escribiendo sobre su recomendación. Quizás porque, cuando me habló de la autora, convencida de que ya la conocía, le confesé que no, que no me sonaba de nada. Era así, aunque tampoco es de extrañar. Resulta que el nombre en cuestión es también un pseudónimo, como Juliette Tourmalet. Solo que ella (o él) se ha cuidado muy mucho de seguir guardando el anonimato, rayando ya en el misterio, por lo que se desconoce qué persona, de carne y hueso, se esconde detrás de la tal Elena Ferrante. Al final, ese pequeño detalle acaba siendo irrelevante ya que la propia historia de las protagonistas habla por sí sola. La vida y andanzas del autor pasan a un segundo plano. No me interesa en absoluto. Ya sólo me interesa las historias que puede llegar a contar y, en este momento sobre todo, me interesa mucho más cómo va a continuar esa historia de las dos niñas-adolescentes que acaban de entrar en mi vida. Las niñas que viven, crecen y sienten en un barrio humilde y pendenciero del Nápoles de los cincuenta. Para mi tranquilidad, hay dos libros más de la saga que, afortunadamente para mí, ya he comprobado que también los podré encontrar en la biblioteca de mi barrio.

Ha sido un libro que he saboreado y paladeado desde la primera a la última página. Leemos como vivimos y a mí, ahora, me sale leer en modo slow: Sentarme en mi lado del sofá, con una buena luz, a poder ser sin ruidos de fondo de teles y demás y acabar leyendo reposadamente tan sólo 10 ó 20 páginas porque el tiempo o el sueño no me dan para más. Pero recuperar la historia en cualquier otro momento y con gran facilidad, por lo que decía antes, porque los personajes siguen estando en mi cabeza a lo largo del día. Porque me descubro en alguno de los muchos sentimientos de la narradora y, sin querer, vuelvo a la Juliette que vivía en un barrio obrero de la Zaragoza de los ochenta. El de las acequias cruzando las calles, sin tapar, y el de La Granja empezando a cambiar su original fisonomía de esa “granja” que le da nombre por lo que ahora conocemos: el parque, los colegios, las piscinas…

Realmente, no ha sido la lectura del libro lo que ha removido estos recuerdos que ahora fluyen de mi cabeza, si no escribir… Y es que, ya lo decía también doña Rosa (Montero): “Uno no escribe para enseñar nada, escribe para aprender, para intentar poner un poco de luz en las tinieblas de lo que somos.” Así que gracias, Elena Ferrante, quien quiera que seas, por escribir una historia como la de “La amiga estupenda”. Y gracias a mi amiga, por recomendarme su lectura.

SUEÑOS DE CHOCOLATE

SUEÑOS DE CHOCOLATE

Hoy debe ser un día especial. Lo sé desde el momento  que he visto que María se pone su delantal limpio, elige un disco, le da al play y, mientras suenan las primeras notas de guitarra de Fragile, comienza a sacar del frigorífico la leche, del segundo estante el azúcar, los sobres de cuajada, la nata y… ¡si!, las tabletas de chocolate.  Tarta de 3 chocolates. Decididamente, es mi preferida. No sé cómo, pero mantengo vagamente el recuerdo de aquel día que la probamos en casa de aquella mujer que vivía cerca de la montaña… No puedo recordar su nombre pero sí que era finales de octubre, cuando el otoño nos regala una de sus mejores postales, con los árboles cada vez más desnudos y las hojas caídas formando esa sorprendente alfombra que nos invita a salir a la calle por última vez antes de que el frio del invierno nos convenza de quedarnos en casa calentitos, tapados por una cálida manta y saboreando una taza de chocolate caliente, mientras suenan los compases de Shape of my heart.

… Ya pasó Navidad, con su turrón de chocolate y esa caja de bombones que siempre aparece  en la mesa el día de Nochebuena y que, a duras penas, llega al día siguiente con alguna pieza todavía dentro. Pasaron muchos días de mantita y taza de chocolate. Luego llegó la primavera, y volvimos a salir al parque, a pasear, a oler el perfume de las flores y a escuchar la algarabía de los niños encorriéndose, disfrutando de la maravillosa libertad de encontrarse sin paredes ni puertas cerradas. Algún  día llovió y nos quedamos en casa. Me gusta quedarme en casa y dejarme atrapar por algún recuerdo de mi niñez, como cuando pedía para merendar un poco de pan con chocolate… y entonces María me trae  una porción de chocolate con una rebanada  de pan.

Hace calor. Puede que ya sea mayo, o junio, o julio… Empieza a llegar gente a casa. No me resultan desconocidos, pero… no consigo recordar cómo se llaman ni quiénes son. Todos se acercan, me achuchan, me dan uno, dos o un montón de besos en la cara y me dicen: “Felicidades Julieta”, “Felicidades mamá”, “Felicidades abuelita”… Durante la comida todos hablan, yo no. No se me ocurre nada que decir. Apenas necesito ya nada, si acaso, que traigan pronto la tarta de chocolate.

 

A veces nos asaltan los fantasmas del futuro. A los que vivimos de alguna manera familiarizados con la enfermedad del alzhéimer nos da por imaginar que algún día puede que nosotros mismos estemos en la misma situación en la que ahora se encuentra esa persona querida y cercana. Porque para entender, cuidar y acompañar a estos enfermos hay que echarle mucha imaginación. Desde el momento que esa persona va dejando poco a poco de ser la que era, desde el momento que resulta imposible entender lo que te trata de explicar, desde el momento que empieza a hacer cosas que nunca imaginaste que llegara a poder hacer, hay que tener mucha imaginación para tratar de descifrar algo de lo que pasa por ese cerebro neurológicamente devastado. El alzhéimer, sencillamente, te va despojando no sólo de la memoria de tu día a día, si no también de casi todas tus habilidades, sociales y personales. Tras observar a mi suegro todos estos años, a mí me gusta imaginar que, con esta enfermedad, lo último que se pierde son esos pequeños placeres primarios y sensoriales, como el frío o el calor, el olor de un paseo por caminos de lavanda o hierbabuena, una canción, el canto de un pájaro o el sonido de las hojas secas al pisar, el tacto suave de una pequeña caricia o sabores intensos como el del chocolate.

El relato del principio lo escribí hace unos años. Me apetecía recuperarlo para este blog y para hoy, especialmente, día mundial del alzhéimer. Confieso que le he dado unas cuantas vueltas hasta dejarlo como lo acabáis de leer. Espero, de alguna manera, contribuir a visibilizar un poquito más a estos enfermos y a sus cuidadores.

 

PAPARRUCHAS… O NO

Publicado en
PAPARRUCHAS… O NO

Volvemos a las andadas. Y no lo digo sólo porque vuelva a escribir por aquí, si no porque lo hago como muchas otras veces, en el último momento y sin casi llegar a tiempo para publicar el viernes por la tarde… En el fondo me da un poco risa esa clausula de mi propio contrato en la que me obligaba a publicar todos los viernes por la tarde, como una forma de fidelizar lectores o, simplemente, una forma de fidelizarme a mí misma… ¡Paparruchas! Nadie me ha reclamado nada en todo este tiempo y ni falta que me hace, la verdad. Eso me da total libertad para hacer lo que me dé la gana… A los que nos gusta escribir aprovechamos cualquier momento y cualquier motivo. Y si la idea no da para un post en condiciones para este humilde blog, pues se busca otro formato y santaspascuas.

La verdad es que, durante todo el verano, han rondado por mi cabeza montones de cosas sobre las qué escribir pero, por otro lado, me daba como un poco de pereza. No ya sólo el hecho de ponerme delante de la pantalla del ordenador que, sinceramente, con el calor que ha hecho, entiendo que se me fueran las ganas instantáneamente. Pereza por los temas… De verdad, ¿acaso no podemos hablar de otra cosa? Que si Blanca Suarez es o no es feminista, que si independentismo para arriba, independentismo para abajo, que si el caso de Juana… ¿Os ha pasado cómo a mí? Son tantas las cosas que cuentan, en televisión, en la prensa, en las redes…. que al final uno ya no sabe ni qué pensar… y todo el mundo opinando, a favor, en contra… Yo no hacía más que pensar en los pobres niños… Como en los niños de los atentados de Barcelona, pero también en los niños que puedan sufrir islamofobia ahora en el cole, al comienzo de curso… En los niños que siguen muriendo en Siria, Afganistán, Somalia, Nigeria, Egipto, Irak… o los que sobreviven y en qué condiciones, o los que consiguen salir del país pero luego se los traga el Mediterráneo… De verdad que me gustaría no seguir dándole vueltas a todos estos temas, porque me produce mucha rabia y mucha impotencia que sigan ocurriendo todas estas cosas, que sigan imperando en nuestra sociedad pensamientos y actos claramente machistas, que no haya respeto por otras tendencias sexuales, religiosas…  y que, al final, después de todo el ruido y bombardeo televisivo y de todos los medios, lo verdaderamente importante se acabe difuminando como los fuegos artificiales de las fiestas de los pueblos… Pero no lo puedo evitar. Al final me auto-convenzo de que es bueno sentirse agitado por todos estos temas, que eso demuestra que estoy viva y que, de alguna manera, tras mis reflexiones, mis actos cambiarán para mejorar, aunque sea en mi pequeño entorno, esa convivencia que a otros les resulta tan difícil ejercer.

Al final, mi resumen de verano podría ser que he leído mucho. Bueno, para mí nunca es mucho, pero sí bastante. Y que he sabido alternar historias y temas como para no aburrirme ni ponerme intensita con esas lecturas. Lecturas normalitas pero siempre buscando esa frase que me remueva, que me haga volar… y aterrizar en una vida que, irremediablemente, va cambiando a marchas forzadas.

A la vuelta del verano algunos me dicen que me ven más guapa… Sinceramente, apenas he tomado el sol y este año no he podido disfrutar de los innumerables beneficios del agua del mar así que, aún así me lo creo y… prefiero pensar que igual ha sido lo de leer. Puede ser. Hay quien dice que leer embellece… O eso o que alguien me mira con buenos ojos y eso, ya es un buen comienzo. A mi también me pasa. Os veo a todos mucho más guapos y guapas.

Aquí os dejo con otra mujer guapa o, al menos, a mi me lo pareció cuando la descubrí a principios de verano en el castillo de Ainsa… Lástima de lluvia que nos dejó con ganas de más.

QUERIDA GLORIA

Publicado en
QUERIDA GLORIA

No recordaba que yo era glorista, pero lo soy. El libro de Gloria Fuertes – Antología de poemas y vida, editado por la maravillosa Blackie Books,  me lo ha recordado. Y me gustaría pensar que ya no soy la única en casa. El otro día oigo a L: “Me voy un rato con Gloria“… En ese momento confieso que no le hago mucho caso… “¿Con Gloria? ¿Quién es Gloria?… Será alguna chica del instituto… Tras dos años, todavía me pierdo con algún nombre”, pienso mientras continúo con lo que sabe Dios que estuviera haciendo en ese momento.

Por la noche, comparte conmigo sus pensamientos. No entiende por qué nadie le ha hablado de Gloria Fuertes en las clases de lengua y literatura. Acaba de descubrir su vida y su obra devorando el libro que deambula por nuestro comedor y le parece tan interesante (o más) como puedan ser los autores, en su gran mayoría hombres, que ha conocido por obra y gracia del temario de este curso. Salvo honrosas excepciones, siguen siendo muchas las grandes olvidadas.

Como nadie le ha hablado de Gloria le hablo yo. Le cuento que a finales de los setenta, cuando servidora era una niña de 9 ó 10 años, no había tele por la mañana, sólo carta de ajuste y que la tele de casa todavía era en blanco y negro. Le cuento que los niños de entonces, en invierno, cuando el frío y nuestras madres no nos permitían jugar en la calle, merendábamos delante de la tele viendo Un globo, dos globos, tres globos y que, por eso, Gloria era alguien cercano y familiar. Como si fuera la tía Gloria, esa tía simpática y bonachona que siempre vestía chalecos de colores o corbatas enormes, que nos invitaba a sentarnos alrededor de su mesa camilla y que nos contaba cuentos sencillos llenos de poesía y verdad. Con Gloria, por ejemplo, me hice pacifista, ecologista y hasta un poquito cuentista.

QUINIENTOS KILOS
La ballena azul
nació en el Mediterráneo…
Nadando, nadando
cruzó el ancho Estrecho
y llegó una mañana
a la costa africana.
Se quedó en la costa africana
porque le dio la gana.
La robaron del mar,
que era su dueño,
y la pescaron los noruegos.
Sólo su corazón pesaba
media tonelada.
La ballena azul
estaba enamorada.

 

TODO ES POSIBLE

Publicado en
TODO ES POSIBLE

Comienzo a cocinar esta entrada mientras L se pasa el día fuera de casa, en sus pruebas de la EVAU, las que estos días se realizan en toda España y que antes llamábamos “selectividad”. Es el remate de un curso extraño en el que, demasiadas veces, ha primado la incertidumbre por no tener muy claro qué asignaturas y contenidos eran los que, al final, contarían para las pruebas. La vida son números y el destino de muchos estudiantes así comienza, con un número, con una nota.

Atrás queda el colegio y el instituto. No hay vuelta de hoja, por mucho que nos empeñemos.  Lee el resto de esta entrada

Jon Ícaro

Blog del escritor Jon Ícaro

PASIÓN POR EL CINE CLÁSICO

Reflexiones de una maña ligeramente afrancesada.

Antonio Muñoz Molina

Reflexiones de una maña ligeramente afrancesada.

Tócala otra vez, Sam

El blog de Chema González

El Blog de Pepa Torres Pérez

Reflexiones de una maña ligeramente afrancesada.

“La mayoría de las personas que caminen detrás de mí serán niños, por lo que mantendré los pasos cortos” Hans Christian Andersen

plandempleo

Blog de Elena Ariño Lecina

STOLPERSTEIN

Historias para tropezar

cuadernosdetodo

El blog de Paula Figols

Innisfree

Un blog sobre Irlanda, de Chesús Yuste

El sitio de mi recreo

Reflexiones de una maña ligeramente afrancesada.