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UNA SEMANA DE VERANO

UNA SEMANA DE VERANO

Este verano leía una columna de Rosa María Artal con la que me sentí bastante identificada. No sé cómo me habría sentado esta lectura los otros tres veranos anteriores. Posiblemente y, depende del día que me hubiera pillado, me lo habría tomado mejor o peor, porque esto es lo que pasa cuando la vida se tuerce y no puedes contar con esas vacaciones anuales a las que, tu pequeña y acomodada vida burguesa, te había acostumbrado. Porque, da igual el motivo, incluso pueden ser varios a la vez. Lee el resto de esta entrada

CIUDADANOS DE UN MUNDO

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CIUDADANOS DE UN MUNDO

La otra mañana me levanté triste. En realidad ya me acosté triste. Un buen rato antes me había sentado ante este ordenador dispuesta a escribir la entrada semanal pero me choqué de bruces con la foto del niño sirio y me bloqueé. No me salía nada. ¿Cuántos veranos llevamos con el tema de la guerra civil en Siria? ¿Tres? ¿Cuatro? Que yo recuerde y sin tirar de google, algo así. No soy muy de imágenes (al menos en cuanto a noticias se refiere), por eso prefiero la radio, donde puedo centrar mis sentidos en las palabras que escucho y en cómo se cuentan las cosas. Recuerdo un especial de Angels Barceló desde Siria, Lee el resto de esta entrada

S. JORGE, LIBROS Y OTRAS CURIOSIDADES

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S. JORGE, LIBROS Y OTRAS CURIOSIDADES

Me gusta abril. Me gusta que brote la primavera, que salgan días luminosos y días lluviosos, me gusta pasear, cambiar de ruta en los trayectos cotidianos y descubrir otros lugares, otros paisajes. A veces los fotografío y, a veces, simplemente los guardo en mi retina para saborearlos cuando la memoria decide traerlos de nuevo a mi mente. Me gusta Abril porque se celebra el día de Aragón y el día del Libro y es un día de fiesta. J celebra su santo y espera que le regalemos algún libro. A J todavía no le ha picado el gusanillo de la lectura, el amor a sumergirse en una historia y dejarse llevar y desear seguir leyendo, y dejar de hacer otras cosas para calmar esa ansiedad por saber cómo transcurre la vida de esos personajes o qué maravillosa frase está a punto de saltar a tu alma en cualquier momento inesperado…, pero no pierdo la esperanza. Lee el resto de esta entrada

EN EL DIA INTERNACIONAL DE LA BIBLIOTECA

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EN EL DIA INTERNACIONAL DE LA BIBLIOTECA

La otra mañana acabé, por casualidad, en la biblioteca de mi barrio. Hacía tiempo que no me pasaba por allí y, la verdad, no sé por qué no lo hago más a menudo. Hace unos años, cuando los chicos eran más pequeños, muchas tardes íbamos a buscar libros y siempre acabábamos pasando un buen rato.

Las tardes, sobre todo en la zona de niños, suelen ser bastante más movidas y ruidosas que las mañanas. Es otro ambiente. Por la mañana es distinto. Gente joven en la zona de estudio, seguramente preparando oposiciones, y gente mayor en los ordenadores y la zona de prensa. Un anciano se acerca al mostrador para renovar el libro que lleva dándose cuenta que se ha dejado el carnet: “Malditos olvidos” -masculla mientras la bibliotecaria le hace la gestión sin darle mayor importancia.

Llama mi atención un expositor giratorio con películas de cine que muestran un rótulo de “novedades”. Pues sí. Encuentro Agosto y Nebraska que me suenan del invierno pasado más o menos y que no llegué a ver. Las cojo comenzando a entusiasmarme. Otro expositor con las sugerencias que los bibliotecarios han estimado me espera, saltándome a las manos el último libro de Anna Gavalda, Billie. Rápidamente lo atrapo como si la biblioteca fuera un gran almacén en su primer día de rebajas… Relájate Juliette, eres la única que está buscando libros en este momento. El resto de personas que están en la sala ojean, tranquilamente sentados, la prensa sin inmutarse. Anna Gavalda me la recomendó un día de verano una bibliotecaria de verdad, de las que se toma con pasión su trabajo y, cuando te ve con algún libro en la mano, te para y se atreve a sugerirte otra lectura que quizás no conozcas. Recuerdo gratamente la lectura de La sal de la vida y los relatos de Quisiera que alguien me esperara en algún lugar.

Paseo por las estanterías sin buscar nada en especial. Para no tener previsto venir a la biblioteca y, con el escaso tiempo que me queda para dedicarme a los placeres de la lectura y el cine, ya voy bien servida. Descubro que las estanterías anteriormente dedicadas a literatura juvenil ahora son de literatura fantástica. Me gusta que los entornos vayan cambiando, que se adapten al público, que estén al servicio de las personas. Sigo descubriendo que los libros juveniles están mezclados con el resto. Sólo se diferencian en que en el lomo llevan una pegatina con un dibujito que indica el género. Las ilustraciones son obra de Alberto Gamón creadas para darle un aire diferente y especial a la biblioteca para jóvenes Cubit. Me gusta que hayan tomado la idea en el resto de bibliotecas públicas de nuestra ciudad pero me gusta mucho más que los libros vivan mezclados, como las personas.

Cuando ya me dispongo a marcharme más contenta que si me hubiera comprado un vestido de Carolina Herrera ultra-hiper-mega-rebajado, me fijo en otro mostrador con más libros fuera de sus estanterías como diciendo léeme. Repaso los títulos y ¡albricias! me encuentro con La librería, el libro que Rafael le presta a María antes de cerrar la nunca abierta librería de sus sueños en El refugio de las golondrinas. ¡Mío, mío, mío! Definitivamente, bajo las escaleras de la biblioteca con mis cuatro préstamos más feliz que una perdiz. Ahora, sólo me queda decidir por cual empiezo.

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UN PASO MÁS

UN PASO MÁS

“Dime: ¿este o este otro?…. Mmmmmmm… ¿Este?” Su fruncimiento de cejas me hizo sospechar que no era esa la respuesta correcta… o, al menos, la que J esperaba (“este” era el coche que le parecía más bonito pero, a su vez, era el que todo el mundo tenía).  Ese día el coche en cuestión era el de un videojuego.  Hace unos años, era un cochecito en el escaparate de la juguetería y dentro de otros tantos podría ser que viniera con catálogos de concesionarios, por seguir con el símil. En cualquiera de los tres casos, seguramente los padres casi nunca acertaremos con la respuesta que quieren nuestros hijos, pero me gusta pensar que lo importante es que sigan teniendo esa confianza en preguntarnos. Llegar a eso es complicado, lo sé, pero hay que intentarlo y, sobre todo, trabajarlo, sin duda.

J empieza estos días secundaria y, aunque su hermana se empeñe en manifestar una y otra vez que lo ve demasiado pequeño para dar ese paso, es inevitable. La edad y las circunstancias son las que son y, por mucho que no estemos de acuerdo, hay ordenes que no se pueden cambiar. De todas maneras, debería ser yo la que se resistiera a que a “mi chirriquitín” le empiece a salir pelo y granos sin piedad (que pena, con lo majicos que son de pequeños) y le cambie la voz… pero nada más lejos de la realidad. Me encanta verlos crecer  y siempre he dicho que procuro (y lo consigo sin ningún esfuerzo) disfrutar de todas y cada una de sus etapas… incluso la de la adolescencia. Muchas veces, siempre de broma, en casa decimos que la típica-adolescencia-rebeldía que no nos está dando L (“de momento”… me gusta ser cauta con todas estas afirmaciones) nos la va a dar J, pero creo que no (… mi optimismo desbordante, una vez más).

Y paso a paso tendremos que ir adaptándonos a pequeños cambios, muchas veces luchando contra lo que la sociedad se empeña en imponernos y otras luchando contra nuestros propios miedos. Lo de ir a clase con los compañeros y no de mi mano ya lo hizo el curso pasado y, en este caso, él y su pequeño grupo ya le llevan esa delantera a casi todos los niños-as de su curso. A cambio, el resto de los niños-as le llevan la delantera a él en cuanto a lo de tener móvil propio… cosas de mantener distinto criterio a la hora de educar a nuestros hijos, por lo visto. En cualquier caso, una labor difícil pero siempre, siempre, apasionante.

Aún así, ser madre de dos adolescentes tiene su índice de peligrosidad. De momento ahí seguimos, comiendo en la mesa de la cocina y sin tele. Confieso que me encanta ese momento, aunque se quiten la palabra el uno al otro para acaparar mi, ya de por si, dispersa atención. En realidad no considero que sea falta de atención sino, más bien, sobredosis de información. Claro, luego, al cabo de los días, me amonestan con un “si ya te lo dije…” haciéndome sentir la peor de las madres. El año pasado, como no comía con ellos, acumulaban toda la información para la tarde y cuando me la soltaban en el coche, conduciendo, todavía no sé como no hemos tenido ningún accidente, la verdad. Nuestro ángel de la guarda, seguro.

 

Os dejo un regalo, una canción que lo dice todo. Espero que os guste.

 

 

PERIÓDICOS

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PERIÓDICOS

“Prorrogado hasta el domingo” leo ayer en la portada del ejemplar del Heraldo que llevo comprando estos días. Tengo ilusión por que nos toque un abono para el Real Zaragoza. L, futbolista y futbolera, lleva un par de años pidiéndome un abono y convertirse así en zaragocista oficial pero mi faceta de gestor económico-logístico familiar me decía que no era ese el momento. Ahora considero que, logísticamente ya podría ser pues L se va haciendo mayor y, por lo tanto, independiente y en cuanto al económico, si Heraldo se encarga de subvencionar el proyecto a cambio de comprar durante varios días seguidos el ejemplar, me parece bien (léase aquí la absoluta seguridad de que nos va a tocar…)

Y es que, me sigue gustando mucho más leer el periódico en papel. Pasar sus páginas con orden que, en mi caso, casi, casi siempre, es desde la contraportada. A no ser que haya una noticia en portada realmente buena que sea merecedora de ser leída de inmediato, prefiero sumergirme en el personaje al que entrevistan al final. Muchas veces es conocido y, simplemente, descubro o confirmo alguna faceta suya interesante y otras veces es alguien al que no conocía y que me da alguna pista sobre algo que llama mi atención.

Estos días de verano y descanso casi siempre lo leo en la piscina y resulta todo un reto ponerme a leer sin que se me desmonte con el aire a la mínima. L me dijo un día que leía el periódico con mucha elegancia (por aquello de que procuro que no se me vayan las hojas, sospecho). Me gustó y me lo creí. Para mí es todo un cumplido. Y me acuerdo de mi padre que, ya jubilado, me lo encontraba muchas veces leyendo el periódico, con sus gafas de leer en la punta de la nariz, desmenuzando las noticias y levantando la mirada por encima de la montura para compartir alguna en voz alta, sobre todo las del cuadernillo sepia, intentando comprender los sucesivos cambios en política económica de los gobiernos… A veces pienso que casi es mejor que no haya vivido estos años de zozobra económica y social porque su nivel de indignación habría podido con él… Y a veces pienso que he sido yo quien ha tomado su relevo en ese sentido.

Cuando viajamos a algún sitio también me gusta pillar un periódico, a poder ser, local. Yo lo incluiría en el kit completo del perfecto viajero, pues te permite conocer la actualidad de la localidad y, sobre todo en verano, siempre te encuentras páginas en las que descubrir algún aspecto de la cultura o el arte que ampliará y mejorará la visita. Es entrar en un sitio a comer o, simplemente a tomar un café o un refresco y rápidamente rastreo el local en busca de algún ejemplar libre con el que “aprovechar” la espera.

Porque… hay tantas cosas que desconocemos… Por ejemplo, el otro día me enteré de que en Secastilla, un pueblo de Huesca, siguen la tradición de “ofrecer a la Virgen” el peso del bebe nacido en la familia durante el último año en productos de alimentación producidos en su localidad. Es decir, pesan al bebe (este año fueron 12 niños y 9 niñas de entre mes y medio y un año) en una balanza gigante que conservan en el santuario y equilibran el otro lado de la báscula con productos típicos (tomates de Barbastro, aceite del Bajo Aragón, jamón de Teruel, sandias de 9 kgs…) Independientemente de las “inclinaciones” religiosas de dicho santuario en cuestión, me pareció una tradición simpática, aunque no explicaban el destino de dichos alimentos. Quiero pensar que los recogería algún Banco de Alimentos o similar. Aquí falló un poco la información, todo hay que decirlo, pero en este caso no firmaba nadie el artículo, lo cual me da una pista de como se trabaja en un periódico. Pero bueno, para eso estamos los lectores, para ser críticos, imaginativos… y si algo no nos convence, seguir buscando.

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En la imagen, comprobando los números ganadores del abono futbolero.

 

LECTURA DE VERANO

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LECTURA DE VERANO

Tengo una amiga que, de vez en cuando, me pregunta qué he leído o estoy leyendo, así que este post va dedicado a ella.

El refugio de las golondrinas de Paula Figols. Estoy absolutamente convencida de que lo disfrutarás tanto o más que yo. Nada más empezar a leerlo me di cuenta de que, sin ser una de esas tramas que te atrapan y no pararías de dejar de leer hasta descubrir que el asesino no es el mayordomo, sí que es de esos libros que te leerías de una sentada. Porque sí, porque enseguida te sientes identificado con alguno de los personajes, con una reflexión,  una situación,  una mirada… Y por eso mismo, decidí leerlo poco a poco, como quien saborea un batido natural por miedo a que se acabe y dejar de sentir ese pequeño placer de un sabor agradable.

Puede que el título de este post lleve a confusión. Realmente El refugio de las golondrinas puede ser perfectamente una lectura de verano, invierno, otoño, primavera… Es la única pista que voy a dar del libro. Prefiero que quien se decida a abrirlo vaya descubriéndolo por sí mismo.

Confieso que lo compré con la intención de leérmelo y luego regalárselo a una amiga (otra…. es que tengo unas cuantas…) con la que ya había hablado de él…. pero cual fue mi sorpresa que, a los dos días, era ella la que me sorprendía con el libro recién comprado y…. sospecho que con la misma intención que yo. Así que ahora las dos tenemos el primer libro de Paula.

A Paula la conocí leyéndola en Heraldo de Aragón. Cuando topo con algún artículo, sea de lo que sea, que me gusta cómo está escrito, por el tema, por la forma, por el tono… en el momento que hay algo que llama mi atención, bajo al final a ver quien lo firma. Con Paula creo que me pasó desde el primer día que la leí, así que luego siempre la buscaba a ver lo que escribía. Luego, el tiempo y las circunstancias quisieron que tuviéramos un pequeño encuentro en el que he de decir que, a pesar del tema en cuestión, hizo que me sintiese muy, muy a gusto. Porque creo que Paula es de esas personas, de las que no conoces de nada pero parece que conocieras de toda la vida y con las que, simplemente, te sientes bien.

Y estos días, aprovechando la facilidad de las redes sociales, me decidí a “cartearme” con ella. No sé ni cómo se me ocurrió, pero la espontaneidad con la que me puse a escribirle ha generado toda una sinergia de alientos. Yo animo a Paula y Paula me anima a mí. De momento, me gusta poder compartir, de alguna manera, su aventura literaria. No sé. Quizás sólo sea el principio de una bonita amistad.

 

Posdata: En un  principio no tenía pensado escribir este post pero, una vez más, me he dejado llevar… Esta mañana lo he empezado a escribir, comenzando por el título, y resulta que luego he visto que Paula había hecho una entrada en el blog del libro exactamente con el mismo título y mencionándome… Esta claro que esta semana un extraño lazo nos une.

 

Jon Ícaro

Blog del escritor Jon Ícaro

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