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ANGELINA Y BRAD

ANGELINA Y BRAD

“No me habías contado que Angelina y Brad se separaban…” me dice JL la otra tarde. ¡Anda ya! “Pero si precisamente el otro día me llegó un texto de una supuesta carta de él a ella ensalzando la maravillosa mujer que era y que, poco más o menos, venía a decir que estaba enamorado ¡hasta las trancas!” Pensé y le dije. Y así se quedó la cosa. La verdad es que no me había enterado… Supongo que a estas alturas de la semana no he descubierto nada nuevo y ya todos lo sabíais. Imposible no enterarse en este MLSI (Mundo Loco Sobradamente Informado). Seguro que hasta os ha llegado por algún grupo de WhatsApp aquello de “Ánimo chicas que Brad Pitt ya está en el mercado” y bromas sucesivas, de esas que te hacen parar un momento en la faena que sea que estés haciendo, te hagan más o menos gracia (depende, todo depende) y olvides al momento porque… ¡qué me importará lo que Angelina y Brad tengan en su casa si bastante tengo con lo que tengo en la mía!… o quizás no, quizás nos hagan soñar con ese príncipe azul, rubio para más señas y quizás un poquito canalla, pero ¡qué más da!… (depende, todo depende).

Y luego están los medios de comunicación, esos que se empeñan en recordárnoslo a cada momento en esa carrera por ver quien saca más trapos y cuanto más sucios mejor… Yo confieso que el primer día me paré a ver unas fotos de los sucesivos años de convivencia de la pareja, casi todas sacadas en esas alfombras rojas, tan glamurosas ellas, y en las que ambos dos desprendían tantísimo amor, complicidad y todas esas cosas que, a una pareja enamorada, se les supone. Y que no digo yo que no lo haya habido, pero los medios nos venden lo que les interesa, o sea, morbo y más morbo, y eso todos lo sabemos, ¿no?

De todas formas, no iba por ahí mi reflexión… Lo que me deja toda loca es cómo la gente empieza a opinar de una pareja que vive a tropecientos kilómetros de distancia como si los conocieran de toda la vida, sin tener ni idea de cómo son en realidad y, desde luego, sin ponerse en su zapatos. Pero bueno, que opinemos con más o menos apasionamiento de alguien que, al fin y al cabo, no lo vamos a ver en la vida… la de aquel. Que imaginemos e, incluso, lleguemos a inventar historias… bueno (estoy segura que todos llevamos un pequeño cuentista en nuestro corazoncito). Lo que si me preocupa, e incluso molesta, es cuando lo tomamos por costumbre y lo hacemos con personas que sí nos cruzamos por la calle y con las que convivimos en nuestro pequeño barrio, pueblo o ciudad. Y se nos empieza a ir de las manos porque ese espíritu alparzero (chismoso, en aragonés) es también un poquito indomable y una cosa lleva a la otra y, lo que en un principio empezó como una curiosidad, al final la imaginación se nos desborda de tal manera que ya no somos capaces de discernir si lo que alguien me dijo es lo que me pareció ver o rotundamente… “Sí, si, Marijuli, créetelo porque es así”.

alegato

El único juicio que tendrían que esperar Angelina y Brad, el que se celebre para arreglar su divorcio.

UNA SEMANA DE VERANO

UNA SEMANA DE VERANO

Este verano leía una columna de Rosa María Artal con la que me sentí bastante identificada. No sé cómo me habría sentado esta lectura los otros tres veranos anteriores. Posiblemente y, depende del día que me hubiera pillado, me lo habría tomado mejor o peor, porque esto es lo que pasa cuando la vida se tuerce y no puedes contar con esas vacaciones anuales a las que, tu pequeña y acomodada vida burguesa, te había acostumbrado. Porque, da igual el motivo, incluso pueden ser varios a la vez. Cuando algo, en esa vida que habías proyectado, no va bien, tienes que afrontar las circunstancias que la van llevando como mejor puedes. Unas veces con esa sonrisa que disimulas para que los demás no se preocupen en exceso y con la que, finalmente, te contagias de ese, llámalo x, que te mantiene con la fuerza necesaria para seguir adelante y otras, cuando ya no puedes más, con ese rictus en la boca que, tarde o temprano, te hará soltar toda la angustia que llevas dentro, ya sea en forma de enfado o, simple y llanamente, tristeza. Tristeza inmensa. (¿Por qué siempre evitamos decir que estamos tristes, cuando es un estado como otro cualquiera?) Y, aún así, como visibiliza la periodista aragonesa, sólo necesitas levantar la vista un poquito más allá de tu ombligo para comprobar que siempre habrá alguien que lo estará pasando bastante peor que tú.

Este año el veraneo tardó en llegar, pero llegó. Una semana de vacaciones familiares (no necesitamos más, ya estamos acostumbrados) en el horizonte, casi rayando con el otoño. Y fue una semana de complicidad absoluta entre los cuatro. Empezando por esa banda sonora que L nos preparó (con muchísimo cariño, aunque ella, probablemente, ni siquiera fuera consciente) para animar las largas horas de ruta en coche. Una playlist teniendo en cuenta los gustos musicales de todos y con sorprendentes cambios de estilo y ritmo para que el conductor no cayera en la tentación de evadirse demasiado con la atención fija en la carretera. La playlist de los viajes la vamos a llamar. Una semana de descubrir nuevos sabores y formas distintas de cocinar. De conocer anfitriones abrumadoramente atentos… Teníamos dudas de si realmente son así porque son así o porque se esfuerzan por agradar para que luego les evalúes bien… No. Definitivamente son así, es su carácter amable y educado. Una semana de caminar, unas veces buscando sobre el plano de la ciudad y otras, simplemente, dejándonos llevar por las callejuelas. Una semana de descansar el alma del ajetreo diario y descansar la mirada sacándola a pasear con el fresco de la mañana desde la terraza de esa casa que no es la tuya pero que, al cabo de unas horas, ya la has hecho a ti. Una semana de enamorarse, de todo y de todos… De descubrirnos y redescubrirnos… Y el mar… Yo, que siempre me he considerado una chica de secano, declaro a los cuatro vientos que me encanta este mar, que ya no me molesta la arena pegada a la piel y que agradezco esa sal que reconozco cuando me mojo los labios y que me hace respirar mejor y llenar mis pulmones de ese aire que, muchas otras veces, tanto echo en falta.

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EL FINAL DEL VERANO

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EL FINAL DEL VERANO

Piensas que sí, que el final del verano llegó, como cantaba el Dúo Dinámico, cuando comienzas a ver anuncios de fascículos coleccionables o cuando al librero de tu barrio se le amontonan los cartones de los números uno del coleccionable de turno junto con las cajas de los nuevos libros de texto. Es así. No hay vuelta atrás. El verano se acaba irremediablemente.

Este ha sido el verano de los atentados, aquí y allá, en Europa pero también en las zonas en conflicto. En eso hemos seguido igual que durante el invierno. El verano de los pactos o, más bien, de los no pactos, es decir, que tampoco hemos avanzado nada en ese sentido. También ha sido otro verano más de incendios. Nunca llegaré a entender qué gusto puede encontrar un pirómano en incendiar un monte, como tampoco puedo entender que las fiestas de San Fermín, o cualquier otra fiesta popular, sean sinónimo de borracheras descontroladas y un montón de excusas más para seguir sembrando el miedo a que cualquier mujer, por el mero hecho de serlo, pueda llegar a ser forzada y violada, en grupo o en solitario, con saña, con total falta de respeto, con un claro y absoluto desprecio… ¿Por qué? ¿Por que es mujer? No. Nunca lo llegaré a entender.

También ha sido verano de Olimpiadas. Esta vez bien cargadas de polémica, por la inestabilidad social y política del país anfitrión y, sobre todo, por la eterna contradicción que supone organizar unos juegos olímpicos, con su consabido despilfarro económico, mientras buena parte de la población continúa en esa pobreza permanente, que nos hace, casi siempre, volver la cara y mirar hacia otro lado más amable, buscando quizás una excusa que nos convenza, como es en este caso, la del espíritu olímpico… aquello que habla de la fraternidad entre las razas y las culturas y ese afán de superación de los deportistas protagonistas del evento.

El verano del burkini, el del Pokemon Go… Con todas sus opiniones, a favor o en contra, tan alejadas casi siempre de ese “vive y deja vivir” que a veces gritaría para acallar tanto ruido que no nos deja escucharnos a nosotros mismos, quizás porque ya no sabemos ni qué pensar.

Y por todas estas cosas, yo me vuelvo a refugiar en mis pequeños momentos en familia y con amigos. En las tardes calurosas compartiendo ventilador y televisión, buscando esas series que, por falta de tiempo, nunca llegamos a ver hasta que aparece el esperado descanso del verano. Series que crecen a medida que crecen los que las ven. Atrás quedaron las del Disney Channel o Clan. Éste será el verano de Como conocí a vuestra madre, el de El tiempo entre costuras, el de Stranger Things o el de The Get Down. También será el verano de esas películas que, por fin, llegan a la estantería de novedades de la biblioteca del barrio y que no pudimos ver en carteleras pasadas. Historias e interpretaciones inolvidables como la de La chica danesa o La teoría del Todo que nos abren la mente y el espíritu a otras realidades, distintas pero igualmente respetables. Comedias diferentes, sociales, reivindicativas, como Pride o Un día perfecto. Altamente recomendables ambas dos para ver y, de paso, reflexionar sobre la historia que nos están contando, bajo ese maravilloso prisma que es el del buen humor y el ingenio. Aunque, posiblemente, si me tengo que quedar con alguna, me quedo con la historia de La familia Bélier. Es inevitable no identificarse cuando en casa tienes dos pajarillos que buscan, poco a poco, su lugar en este loco mundo.

 

PERSONAJES DE FICCIÓN

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PERSONAJES DE FICCIÓN

Estos días ando leyendo una historia ambientada en el Aragón rural de finales de los años 20, una novela que, como le oí decir al simpático dependiente de una famosa cadena de librerías, se vende muy bien por aquí porque nos sitúa en la Zaragoza y provincia del siglo pasado y ese aire nostálgico se lleva mucho esta temporada. Tras cuatrocientas y pico páginas no sé si quiero o no conocer el desenlace. Lee el resto de esta entrada

DE JUEGOS, LIBROS, PELIS Y PARQUES

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DE JUEGOS, LIBROS, PELIS Y PARQUES

Siempre hay un momento en que los niños manifiestan sus sueños de mayores, sobre todo a través de los juegos. Maestras, peluqueros, médicos, astronautas, granjeros, bomberas, policías… Para eso las cajas de Playmobil son una auténtica maravilla y una fuente interminable donde la imaginación hace el resto. Luego, conforme van creciendo y ya no tienen tanto tiempo para jugar, cuando gracias a nuestras diversas y cambiantes leyes de educación (aquí viene cuando me entra la ira, pero como éste pretende ser un post amable, me voy a callar, me voy a callar…, me voy a callar), tienen que empezar a tomar decisiones y elegir asignaturas que, se supone, les ayudan a “enfocarse profesionalmente”, comienzan las dudas y los quebraderos de cabeza. Lee el resto de esta entrada

TODO VUELVE

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TODO VUELVE

Las tormentas de verano inspiraron los inicios de este blog, hace ahora justamente dos años, y las tormentas de verano vuelven estas tardes de principios de julio, como vuelven las ganas de comer un helado mientras aprovechas la primera hora de la tarde, cuando es un suicidio salir de casa si no es por obligación, para seguir esa serie que nunca tienes tiempo de ver. Como vuelven las charletas en la piscina cuando empiezas hablando del último libro leído y acabas hablando de la vida o como vuelven los cólicos de riñón… Lee el resto de esta entrada

LA FELICIDAD ES UN COULANT DE CHOCOLATE

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LA FELICIDAD ES UN COULANT DE CHOCOLATE

Según un estudio de la universidad de Wisconsin, “las personas que fotografían todo son más felices“… Mis hijos siempre andan diciéndome que soy una pesada y que no puedo parar con la camarica, que así no cunde nada en las excursiones y que qué alivio cuando se acaba por fin la batería… Ergo…

Mi tío más que hacer fotos, “recopila” fotos y ahora, con las redes sociales, ha encontrado un filón. Gracias a él y las fotos que se va descargando en el móvil, el resto de la familia sabemos de los demás. Es el “call center” de la familia. No hay incidencia, noticia o evento que no se registre, centralice y distribuya a través de su móvil. El caso es que el otro día me dijo una frase que me hizo pensar (todos tenemos un pequeño filósofo en el interior) y, definitivamente, me gustó tanto que la voy a compartir. Lee el resto de esta entrada

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