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FORREST GUMP

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FORREST GUMP

David es nuestro Forrest Gump particular. Y todos los demás, en algún momento, hemos sido su Teniente Dan. A David lo conozco desde hace una eternidad. Entonces, a su lado, yo me creía mucho más mayor que él, cuando no dejaba de ser una chica a punto de estrenar mayoría de edad. Ahora ya no nos llevamos tantos años. Como no me he movido del barrio en el que me crié y él tampoco, nos hemos seguido viendo siempre, aunque eso no quiere decir nada. Estoy segura que si me hubiera mudado a Australia, hubiera seguido teniendo noticias suyas. Se las habría apañado para conseguir mi dirección y mandarme una de sus entrañables, a la par que ininteligibles cartas. David escribe como habla… y habla mucho y muy deprisa, como si se le amontonaran las cosas que necesita contarte. Y casi siempre acaba sus frases con alguna risotada para, acto seguido, volver a ponerse serio y cambiar completamente de tema.

Hace unos años me enseñaba, feliz como un niño, las cartas con las que, desde el Vaticano, le contestaban los mismísimos Juan Pablo II y Benedicto XVI. David, siempre al lado de su querida madre, a la que adora, vive un fervor religioso especial, a su manera… En realidad, David todo lo vive a su manera. Supongo que, a estas alturas, ya habrá intentado comunicarse con el papa Francisco. Tengo que preguntárselo. Seguro que, con él, todavía ha sido más fácil ampliar su particular colección de epístolas vaticanas.

David, como no podía ser de otra manera, fue voluntario en la Expo del Agua de Zaragoza. También es voluntario en el servicio de Protección Civil de la ciudad. Creo que nadie lleva el uniforme con más orgullo que él y no hay cabalgata de Reyes, cabezudos, ofrenda de flores o carrera popular en la que no te lo encuentres en algún momento del trayecto. No sé cómo lo hace pero siempre puede compaginarlo con su trabajo en una conocida cadena de supermercados de nuestra comunidad. A veces pienso si no será víctima de un extraño conjuro con el que puede multiplicar las horas de sus días a su antojo y conveniencia. ¡Es admirable!

David siempre está a la última de cualquier novedad. Tecnológica o capilar. Por su cabeza han pasado los cortes y colores de pelo más atrevidos y modernos. Por sus bolsillos me atrevería a decir que bastantes más terminales de móvil que los que hemos tenido en mi casa entre cuatro personas, por no hablar de tablets y ordenadores. Casi siempre que tiene un problema informático (y suele ser bastante a menudo) llama a JL. No sé como se las arregla pero siempre consigue que acuda a solucionárselo.

El otro día, ojeando las fotos de mi boda, allí estaba él. Entre la tía J y el primo A, David estirando el brazo para hacernos llegar su regalo, una rosa dentro de un jarroncito, made in China, con la fecha escrita por él mismo en rotulador indeleble dorado y su firma. Para que no nos olvidemos de él. ¡Cómo olvidarle!

Mañana, a lo largo del día, recibiré su llamada de teléfono. Me felicitará, le felicitaré, haremos un par de bromas sobre lo vieja que te haces, pues anda que tú, y pasará a relatarme todos los regalos que haya recibido, las tartas, chuches y montones de comidas especiales con las que piense celebrar el festejo. Diría, sin miedo a equivocarme, que es la persona que más fiestas sorpresa ha tenido.

Este año no creo que llegue a llamarte antes que tú a mí, nunca lo consigo, así que aquí va mi recuerdo y mi cariño. ¡Feliz día, tocayo de cumpleaños!

 

BENDITA ALERGIA QUE LLEGA CON LA PRIMAVERA

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BENDITA ALERGIA QUE LLEGA CON LA PRIMAVERA

Me gusta tanto la primavera que ni siquiera una molesta alergia ha podido con esas ganas por disfrutar de sus olores y colores. Hace unos días subimos a pasar el día a Jaca y nuestros queridos amigos nos regalaron un paseo hasta el Puente de San Miguel, bordeando la ciudad atestada de turistas y buscando el suave rumor del agua corriendo por el rio Aragón. La noche anterior me acosté con uno de esos nuevos síntomas en mi cuerpo, el picor de garganta, así que por la mañana me tomé una dosis del jarabe que nos quedaba del año pasado y que habían recetado a J que, curiosamente, este año no manifiesta ningún síntoma alérgico primaveral… (suficiente tenemos tiene con los brotes de adolescentitis que le atacan un día sí y otro también).  Luego leí en la caja que tenía que haber desechado el frasco a los dos meses de su apertura, pero en casa estamos acostumbrados a vivir al límite y, a la vista de lo bien que sentó la excursión a mi cuerpo y a mi espíritu, este hecho sólo reafirmó mi creencia de que quienes deciden la caducidad de todo son una panda de exagerados.

Ya de vuelta a Zaragoza y, paseando por las calles de mi barrio, he descubierto algo que no sé si es efecto de los antihistamínicos o qué, pero, como soy así de generosa, lo voy a compartir. Resulta que hay unas calles en mi barrio con unas cuantas características peculiares. A saber: las calles las conforman una serie de edificios de no más de tres o cuatro plantas diría yo que, desde que tengo uso de razón, en casa siempre los hemos llamado “las casas del ayuntamiento”… Ya sabéis, esa herencia recibida generación tras generación de seguir llamando al Hospital Miguel Servet, la “Casa Grande” o al parque José Antonio Labordeta, el “Parque Grande”. Me imagino que sería el “Valdespartera” de la época, pisos de protección oficial construidos en los años 40, 50 ó 60. Tendría que fijarme en si pone algún cartel que lo date, pero son esas dudas que se me plantean ahora al escribir esto y que, como tampoco pretendo realizar ningún ensayo al respecto, dejo la duda ahí. Bien, pues conforme me acerco a ese grupo de casas y leo el cartel de las calles, inmediatamente me traslado al Mediterráneo… ¡Sí, sí! ¡Así es! Sicilia, Nápoles, Córcega, Cerdeña, Rosellón… ¿No me digáis que no tengo suerte? ¡Que puedo permitirme el lujo de navegar por buena parte de la costa e islas mediterráneas a escasos metros de mi casa! Sin dudarlo, mi preferida es una calle, “la de la acera ancha”, que pusimos de moda hace ya unos cuantos años en mi familia como camino habitual para ir y volver del colegio. Podíamos volver por cualquiera de las islas, pero a nosotros nos gustaba más esa otra calle. Es una calle que cada día me sorprende con nuevos olores, colores y sonidos, sobre todo ahora en primavera. Será por las ventanas abiertas que dejan escapar el inconfundible olor de un buen guiso recién preparado a la hora de comer. Será por las hojas y flores de los árboles plantados a ambos lados de la calzada que cambian día a día y que se confunden con la ropa tendida (y lavada con jabón de Marsella) en una explosión de colorido digna del mejor panel de Pinterest. Será por los pajaricos que siguen con su charla entre ellos, ignorando que, con su alegre parloteo, provocan una sonrisa inconsciente a mi paso. Como siempre ha sido “la calle de la acera ancha”, nunca me había fijado en su nombre verdadero. El otro día me fije y simplemente os diré que…. ¡me encanta! y que, al menos para mis sentidos, no podía ser más apropiado. ¿Alguien se anima a adivinarlo?

Mientras tanto, os dejo con esta canción y este grupo que acabo de descubrir buscando una banda sonora con la que ambientar este post. Todavía no he decidido si me gusta o no… algo tiene, pero no sé qué…

PALABRAS Y NUMEROS

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PALABRAS Y NUMEROS

Vuelvo a este blog después de un mes sin publicar y lo primero que me encuentro es que ha cambiado un poquito la plataforma. Os enseñaría como es ahora pero, salvo los que os manejáis con WordPress, al resto os iba  a sonar a chino, así que me ahorro indagar cómo hacerlo. He impreso un pantallazo pero ahora no sé cómo narices ponerlo para que lo veáis, así que no me lío más. Realmente, lo que ahora me apetecía era contar alguna cosa y, si me entretengo buscando y haciendo probatinas para hacer algo nuevo, esta entrada tampoco saldrá a la luz. Probatina… me dice el corrector que esta palabra no está bien escrita, no la reconoce, sin embargo yo la utilizo a menudo en mi lenguaje coloquial. Sobre todo hago probatinas cuando cocino, o cuando chapuceo con el ordenador. Chapucear… mira, esta no me la marca. Sin embargo me parece una palabra tan rara como la otra… Me encantaría tener a mano el diccionario de María Moliner para saber si ella las recogió. Últimamente oigo hablar mucho de María Moliner y todo lo que encuentro me parece fascinante. Incluso García Márquez escribió un texto bien bonito sobre ella. Estos días, una realizadora aragonesa ha presentado su documental, titulado “María Moliner. Tendiendo palabras”. Tendiendo palabras… Me encanta. Yo pensaba que encontraría un trabajo donde tuviera que utilizar mucho las palabras. Creo que por eso empecé este blog… Bueno, ya ni sé por qué empecé este blog. Sólo sé que, durante un tiempo, me lo tomé como si fuera un trabajo. Me temo que, al final, se quedó en un mero pasatiempo. Bueno, con “sólo” no es que quiera decir que esté decepcionada. Para nada. Todas las horas invertidas en las 112 entradas anteriores han acabado siendo muy gratificantes. No monetariamente pero sí emocionalmente. Resulta que me ha salido un trabajo, con gratificación monetaria incluida, gracias a los números, lo cual es bastante contradictorio con mi sueño inicial pero, en mí, resulta de lo más lógico. Es la historia de mi vida. En bachiller tenía que elegir entre ciencias y letras pero no pude. Me gustaban las letras, me gustaban los números, así que al final hice mixtas. Soy de las que piensan que los números también tienen su importancia y que, en una buena gestión económica, son fundamentales. En eso, la mayoría de amas y amos de casa somos los mejores. ¡Ya se me podía haber ocurrido poner eso en mi currículum antes!

Volviendo a lo de las palabras. El documental sobre María Moliner ya lo presentaron en mi ciudad pero no pude ir a verlo. Esperaré a ver si se me cruza alguna otra oportunidad que pueda compaginar con mi ajetreada vida. Si no, siempre nos quedará YouTube. Seguro que dentro de un año o así lo puedo ver por allí.( ¿Qué hacíamos con nuestra vida sin YouTube? ¿Alguien se acuerda?) También se me quedó pendiente ver aquel de las mujeres invisibles de la generación del 27, las Sinsombrero… Otro título bien puesto. Éste lo tengo pendiente de ver con L, lo cual se complica todavía más aunque seguro que, al final, en alguna tarde tonta de sábado, cae. Como cayó “Suite Francesa”. Me encanta descubrir que mis gustos y los suyos, a veces, coinciden.

¡Ah! Hace poco leí un consejo que decía algo así como que, si te acostumbras a escribir 750 palabras todas las mañanas al comenzar el día, tu vida mejora y te acabas sintiendo mucho mejor… Al final no me quedó muy claro si era por ordenar pensamientos, buscar la serenidad haciendo caligrafía o cómo se llegaba a ese bienestar. Ya se sabe que, los que nos ponemos a escribir sin ton ni son, al final no acabamos diciendo gran cosa. Eso le debió pasar a quien escribió ese artículo. De todas formas, y ya que esta es mi entrada 113, he decidido que seguiré un poco más, a ver hasta dónde llego. Al final todo se resume en palabras y números.

 

Katherine y su bloc

Apuntando, con tres o cuatro palabras, ideas para mi próximo post.

 

 

 

CON H DE HIJOS Y HÉROES

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CON H DE HIJOS Y HÉROES

Comemos en la cocina, como casi siempre. Ya no hace tanto frio fuera y la puerta de la terraza suelo tenerla abierta. De vez en cuando, entre mis quehaceres diarios, me gusta asomarme y perder mi mirada por el horizonte de esa ciudad que se desvanece hacia las afueras. Escuchamos la música del colegio que no vemos pero que sabemos que está. No hay nada como vivir cerca de un cole para comprobar que las hojas del calendario van cayendo. Hace unos días celebrábamos el día de la paz y ya estamos en carnavales. Comentamos, entre risas, los gustos eclécticos del  dj del cole. O tal vez no. Son músicas elegidas para ambientar los disfraces de cada curso. Los de sexto de primaria deben ir de romanos, egipcios o algo así. La marcha que ponen me recuerda a la entrada de Cleopatra en Roma. Los anteriores iban de súper héroes y suenan los Héroes, los del Silencio… Nos reímos más y aprovecho para dar un dato a mis hijos, una referencia más por la cual me recuerden el día de mañana. Me encanta esa canción, aunque prefiero la versión de Mas Birras.

 

Camino del trabajo observo a una pareja de jóvenes papás. El papá, trajeado y ya muy cerca de la puerta de la guardería (Uy! se me ha escapado, he dicho guardería y no “escuela infantil”… ¡menuda la enésima polémica de la semana!). Retomo: el papá canta  carnaval, carnaval…., carnaval te quiero… de la mano de su pequeño dragoncillo. Lo veo muy motivado. No sé si será capaz de dejar al pequeño en la puerta y marchar a donde quiera que sea, a trabajar, imagino, ¿dónde si no, a esas horas y de esa guisa? Tranquilo, me gustaría decirle, por fin es viernes y todavía tienes por delante el fin de semana y el Carnaval Infantil del domingo, por la mañana, en la Plaza del Pilar. De vuelta a casa me sigo encontrando por la calle princesas, d’artagnanes, enanitos y hasta un pequeño C3PO. Me invade la nostalgia y, en cuanto puedo, rescato de la estantería los álbumes de fotos donde sé que encontraré aquellas fotos que me recuerdan el carnaval de hace unos años, no tantos, cuando mis peques también se disfrazaban. En el instituto ya no hay fiesta de disfraces.

Karina nos manda al grupo de WhatsApp un pequeño vídeo mostrándonos a Mateo y Francisco, los gemelos que nacieron el pasado lunes. ¡Son tan bonicos! Y la mamá, con voz en off, nos cuenta, con ese acento uruguayo tan cálido, que son unos santos y no lloran casi nada, y me lo creo. Y recuerdo otra de las últimas polémicas, la de ese libro de Samanta Villar en el que habla sobre su maternidad. Y me gustaría decirle a mi amiga que no lea más, sobre maternidad, lactancia y demás, quiero decir. Que ni siquiera nos haga caso al resto de mamás pesadas que aprovechamos la mínima ocasión para contar nuestra experiencia maternal. Pero no se lo digo. Ya lo irá descubriendo sobre la marcha.

 

 

 

DEJARSE QUERER

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DEJARSE QUERER

Hay momentos en la vida en los que hay que dejarse querer y de eso te haces consciente cuando, por ejemplo, llega y te pilla el catarrazo, la gripe o lo que quiera que cada uno tenga. Cuando parece que  ya el invierno se atreve a decirnos adiós porque, de repente, te das cuenta y agradeces, ¡vaya que si agradeces!, no tener que encender las luces de tu casa tan temprano. Cuando te enfrascas en febrero pensando que ya te has librado pero… ¡no, no, no! al final sucumbes a los ataques climáticos de la ciclogénesis explosiva y caes, sin remedio, en ese letargo que te proporciona una congestión monumental acompañada de dolores musculares y una suerte de cansancio permanente que sólo te permite hacer…. nada. Porque, por mucho que te empeñes y pienses que puedes con todo… No, no puedes. Son esos días en los que las horas pasan lentamente y agonizas pensando que nunca vas a ser la de antes. Suerte que siempre hay alguien a tu lado que trata de quitarte esa idea de la cabeza y que, con sus cuidados, consigue que te recuperes.

Nunca olvidaré, L, aquella merienda compartida de esas que tu te preparas: una rebanada de pan untada con crema de queso y un poquito de mermelada acompañada de nuestra infusión favorita… Líquidos, líquidos, para curar el catarro hay que meter muchos líquidos, nos dicen. O cuando, J, me dejaste tranquila, acurrucada en mi sitio del sofá, como una Sheldon Cooper cualquiera, (lo confieso, soy muy Sheldon con lo de mi sitio en el sofá) mientras me cantabas “Dulce gatito” sin, tan siquiera, pedírtelo y me tapabas con esa manta que, permanentemente, deambula por nuestro comedor suplicando siestas que casi nunca llegan. O cuando, JL, te acercaste buscando un poco de conversación y, encontrándome sumergida en aquel libro, dejaste que continuara leyendo hasta acabar la inolvidable historia del abuelo Bruno y su nieto Brunettino. Hay libros que tienen su momento, como este de José Luis Sampedro. Lo recupero del fondo de la estantería donde lo dejé allá por el 94 ó el 95 y la página 40. Lo sé porque es esa página la que permanece marcada desde entonces, con un antiguo billete del casetero, el autobús que cogía aquellos años para ir a trabajar. Parece que, hace veintitantos años, no me decía nada aquella historia de La sonrisa etrusca sin embargo ahora… ahora me lo dice todo.

A veces queremos hacernos los fuertes y los valientes, como el viejo soldado partisano, hasta que te das cuenta que tampoco viene mal, de vez en cuando, colgar la capa de súper héroe en la percha, volver a ser un poco niño y dejarnos cuidar como el pequeño Brunettino.

 

katherine-siesta

Vencida por los virus o el paracetamol… ¡a saber!

 

GENTE MARCIANA

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GENTE MARCIANA

No suelo ver el programa de Bertín y eso que, en lo que a tele se trata, el formato entrevista siempre me ha parecido bastante interesante. La Mercedes Milá pre-GH, Pedro Ruiz, Julia Otero, Iñaki Gabilondo… Recuerdo entrevistas ciertamente memorables que, probablemente, permanecen en la retina de cualquier televidente por muchos años que pasen. Y, si no, siempre estarán, para recuperarlas, programas como ese Cachitos de la 2 , el Ochéntame de los jueves o el inagotable YouTube.

El caso es que, la otra noche, después de un día ciertamente raro y bastante agotador,  Lee el resto de esta entrada

MELODÍAS QUE EMOCIONAN

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MELODÍAS QUE EMOCIONAN

Siento que me encuentro en un momento muy dulce de mi vida, sin embargo, cuando toca repasar el camino recorrido y manifestarlo en voz alta, todavía se me hace un nudo en la garganta. Es lo que tenemos las personas ultra-sensibles. Además de percibir olores, sonidos, colores, sabores, caricias, con una especial intensidad, vivimos momentos que nos emocionan irremediablemente. Con una melodía, con una imagen, con muchos recuerdos y momentos vividos… y al hablar se nos nota, Lee el resto de esta entrada

Jon Ícaro

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