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DEJARSE QUERER

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DEJARSE QUERER

Hay momentos en la vida en los que hay que dejarse querer y de eso te haces consciente cuando, por ejemplo, llega y te pilla el catarrazo, la gripe o lo que quiera que cada uno tenga. Cuando parece que  ya el invierno se atreve a decirnos adiós porque, de repente, te das cuenta y agradeces, ¡vaya que si agradeces!, no tener que encender las luces de tu casa tan temprano. Cuando te enfrascas en febrero pensando que ya te has librado pero… ¡no, no, no! al final sucumbes a los ataques climáticos de la ciclogénesis explosiva y caes, sin remedio, en ese letargo que te proporciona una congestión monumental acompañada de dolores musculares y una suerte de cansancio permanente que sólo te permite hacer…. nada. Porque, por mucho que te empeñes y pienses que puedes con todo… No, no puedes. Son esos días en los que las horas pasan lentamente y agonizas pensando que nunca vas a ser la de antes. Suerte que siempre hay alguien a tu lado que trata de quitarte esa idea de la cabeza y que, con sus cuidados, consigue que te recuperes.

Nunca olvidaré, L, aquella merienda compartida de esas que tu te preparas: una rebanada de pan untada con crema de queso y un poquito de mermelada acompañada de nuestra infusión favorita… Líquidos, líquidos, para curar el catarro hay que meter muchos líquidos, nos dicen. O cuando, J, me dejaste tranquila, acurrucada en mi sitio del sofá, como una Sheldon Cooper cualquiera, (lo confieso, soy muy Sheldon con lo de mi sitio en el sofá) mientras me cantabas “Dulce gatito” sin, tan siquiera, pedírtelo y me tapabas con esa manta que, permanentemente, deambula por nuestro comedor suplicando siestas que casi nunca llegan. O cuando, JL, te acercaste buscando un poco de conversación y, encontrándome sumergida en aquel libro, dejaste que continuara leyendo hasta acabar la inolvidable historia del abuelo Bruno y su nieto Brunettino. Hay libros que tienen su momento, como este de José Luis Sampedro. Lo recupero del fondo de la estantería donde lo dejé allá por el 94 ó el 95 y la página 40. Lo sé porque es esa página la que permanece marcada desde entonces, con un antiguo billete del casetero, el autobús que cogía aquellos años para ir a trabajar. Parece que, hace veintitantos años, no me decía nada aquella historia de La sonrisa etrusca sin embargo ahora… ahora me lo dice todo.

A veces queremos hacernos los fuertes y los valientes, como el viejo soldado partisano, hasta que te das cuenta que tampoco viene mal, de vez en cuando, colgar la capa de súper héroe en la percha, volver a ser un poco niño y dejarnos cuidar como el pequeño Brunettino.

 

katherine-siesta

Vencida por los virus o el paracetamol… ¡a saber!

 

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Acerca de Carmen Calvo

Aprendiz de todo y maestra de nada. Tranquila en las distancias cortas aunque inquieta de mente. ¿Mi super-poder? Buscarás, buscarás y, al final, lo hallarás.

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  1. Sin duda Carmen. Nos enseñan a ser fuertes para aguantar y yo me pregunto ¿por qué hay que aguantar?

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    • … ¡Ummmm, buena pregunta! Me imagino que nos resulta irresistible probarnos la capa de súper héroe, a ver qué tal nos sienta… lo de los poderes, ya si eso, igual tendríamos que aprender a administrarlos un poco… Yo, personalmente, prefiero a Obelix… aquello de que se cayera de pequeño en la marmita me parece tan tierno….

      Gracias por pasarte y comentar Diego. ¡Un placer!

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  2. Sí te dejas caer con esta reflexión por aquí. ..es que ya estas saliendo…y claro que volverás a ser la de antes!
    Es muy bueno dejarse querer!
    Recuperate pronto! 😊😊😄😄

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  3. ¡Me encanta ‘La sonrisa etrusca’! Y eso de que a veces nos tenemos que quitar la capa de superhéroes o superheroinas. Recupérate pronto. Un superabrazo

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    • Página a página me preguntaba que por qué no me había enganchado entonces, hasta que te das cuenta que la vida y las experiencias también van cambiando tu forma de ver y entender las cosas… Desde luego, ahora era el momento de leerlo y de disfrutarlo. No lo he dejado muy mal porque, igual que de las personas, me gusta cuidar de los libros, pero también necesitaba dejar mi huella sobre él, así que ahí lo tengo, con esquinitas dobladas y frases subrayadas…
      … Y por el catarro… tranquila… sólo es que, entre todos, cuidamos tan bien de los virus en esta casa, que se resisten a marcharse 😉
      ¡Besicos!

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  4. Roxi (Yolanda)

    22-2-95 la fecha en que lo leí y me fascinó… y mira que por entonces no leía mucho yo, pero me caló hondo, me dejó un recuerdo maravilloso.
    Con razón sigue pendiente nuestro café…yo me decía “debe estar muy liada” y la que te había liado era la gripe. Mejórate pronto, a ver si nos vemos esta semana. BESOS!!

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