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NUESTRA ÚLTIMA SERIE JUNTOS

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NUESTRA ÚLTIMA SERIE JUNTOS

El otro día acabamos de ver nuestra última serie juntos. Empezamos a verla un poco al azar. Primero J y yo, a principios de verano, justo cuando L comenzaba un merecido periodo vacacional con otro de sus inolvidables viajes. Acostumbrados a comer tres o cuatro juntos, eso de comer sólo dos nos resultaba raro, así que, como algo extraordinario, esos días decidimos hacerlo viendo la tele y J eligió esa serie. Un capítulo era la duración justa para el tiempo dedicado a la comida pero, en un par de días, nos enganchó lo suficiente como para invitar a papá a nuestro nuevo club de fans, para lo cual tuvimos que cambiar al momento de la cena. Cuando L volvió, se encontró con la nueva tradición familiar totalmente instaurada. No había marcha atrás. Animada por su insistente hermano, no perdió tiempo en ponerse al día de la historia de los cinco amigos neoyorkinos y, de esta manera, se unió a nuestro íntimo y selecto club.

Han sido nueve temporadas y unos cinco meses cenando con ellos y sus historias. Como los hijos del narrador, hemos aguantado durante todo ese tiempo que llegara el esperado desenlace, cuando lo importante, tal y como dice en el último capítulo, no es tanto ese final como todo lo que ocurre a lo largo del tiempo y, sin lo cual, no seríamos como somos.

Nos hemos reído, nos hemos emocionado, hemos comentado los cortes de pelo y hasta los posibles embarazos de las actrices, temporada tras temporada… posiblemente hasta hemos cambiado también un poquito nosotros… al fin y al cabo, han sido cinco meses de nuestra propia vida. Me encantaba mirar a mis tres acompañantes y ver sus reacciones según las tramas y los diálogos y, casi siempre, al finalizar el capítulo, nos premiábamos con otro capítulo más, alargando la sobremesa, alargando ese momento juntos, antes de volver cada uno a nuestras faenas. Como en toda serie que se precie, ha habido capítulos más flojillos, pero no nos importaba, porque teníamos la absoluta seguridad de que el siguiente posiblemente sería… espera un momento…. ¡legendario! Estábamos demasiado implicados con los personajes. Cada uno teníamos nuestro favorito y (esto me encanta) ninguno repetíamos. A mi me gustaba el chico grandote, por su idealismo, su nobleza y ese aire puro de Minnesota  que tanto chocaba con los neoyorkinos de pro, por su capacidad de adaptación y porque, en resumen, era un hombre bueno… A JL le gustaba justo la pelirroja… ¿Qué curioso? A L le gustaba el chico moreno, quizás podríamos decir que el protagonista aunque, en este tipo de sitcom, todos son protagonistas, porque todos, gracias a sus diferencias, se complementan y son los que, realmente, hacen buena la historia (¡grandes, los guionistas!)

A J… ya sabemos todos quién le gustaba a J (nos lo ha hecho saber una y otra vez, con esa particular forma que tiene él de expresar las cosas), lo cual, como madre, y con esta edad tan influenciable, me hace temer que lo tome como referente en su vida… Al menos, he tenido oportunidad de conocer el personaje, no como otros “referentes” actuales que se me escapan de las manos, así que sabré a qué atenerme si un buen día le veo enfundarse un traje y no quitárselo para nada… Ha sido una de las muchas cosas buenas de compartir esta serie con ellos, aunque lo mejor ha sido contar con ese momento que nos unía, en este caso, alrededor de una historia. Dejando aparcados por un ratito enfados, malos rollos o, simplemente, todos esos miles de quehaceres cotidianos que llenan nuestras particulares vidas… Simplemente sentándonos y dejando que nos contasen cómo conocí a vuestra madre.

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Acerca de Carmen Calvo

Aprendiz de todo y maestra de nada. Tranquila en las distancias cortas aunque inquieta de mente. ¿Mi super-poder? Buscarás, buscarás y, al final, lo hallarás.

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