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VOY EN BUSCA DE UN LEÓN

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VOY EN BUSCA DE UN LEÓN

Por fin nos estamos dando cuenta de que el uso abusivo de las redes sociales, y de Facebook en particular, ya no nos hace tan felices como pensábamos. Según un reciente estudio, para quien no para de “colgar” fotos de momentos felices supone un auténtico estrés, primero por parar a cada momento para fotografiar todo lo fotografiable y luego, por analizar cuántos likes obtiene de ese mogollón de “amigos” que conforman su red, ajeno a la profunda envidia que provoca en buena parte del personal que lo ve. Esto, como todo, requiere una cierta dosis de equilibrio y mesura pero, si no podemos por nosotros mismos, siempre podemos tomarnos unas vacaciones en alguno de esos hoteles en los que tienes que dejar el móvil, la tablet y el portátil en recepción.

De todas formas, yo sigo defendiendo algún aspecto positivo. A saber: reencontrarme con personas con las que, si no, difícilmente tendría oportunidad de hablar. Como la conversación que hace poco surgió en una de esas comunidades virtuales a las que nos unimos, bien por aficiones comunes o por una evocadora nostalgia. Esta conversación me trajo recuerdos y reflexiones de mi paso por cierto campamento. Entonces lo llamábamos así, luego el término se formalizó como Club de Tiempo Libre (CTL), adaptándose a una terminología más acorde con ese bienestar social que fuimos adquiriendo con el asentamiento de aquella joven democracia en nuestro país. Me sale esta presentación porque, cuando yo empecé a ser monitora en el campamento, lo recuerdo todo como mucho más… ¿Cómo llamarlo? ¿Salvaje? Poco a poco tuvimos que adaptarnos a normativas, proyectos educativos, papeleos burocráticos interminables… cuando lo único que nos movía era compartir experiencias y convivir quince días cuidando y enseñando a niños y chavales todo aquello que nos parecía bueno de la vida, o de lo que nosotros sabíamos, o empezábamos a saber, porque, aunque nos creyésemos que sí, tampoco éramos mucho más expertos que aquellos niños con los que nos separaban, en muchos casos, no más de ocho o nueve años de diferencia.

Me alegré de “conversar” con aquellos niños que ahora son adultos. Adultos que conservan un cierto cariño por lo vivido aquellos años. Con la excusa de una canción que se cantaba entonces y que ha conseguido llegar hasta las generaciones actuales, comenzaron a salir a la plaza de Facebook personas que habían pasado por aquel campamento y que aportaban algún dato que el paso del tiempo, al menos en mi caso, se empeña en desdibujar de la memoria. Cada dato recogido plantaba en mi cara una sonrisa más, porque cada dato traía recuerdos de buenos momentos, de fraternidad, de un cierto idealismo, de una buena dosis de locura, de mucha confianza, de personas inolvidables… algunas ya ni siquiera están con nosotros (Paco, Raúl, Jesús… se os echa de menos)

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Y me alegré de comprobar que aquellos niños ahora son adultos reflexivos y críticos, a los que les preocupan las mismas cosas que a mi y que disfrutan con las mismas cosas que me siguen gustando a mi. Que tienen hijos, como yo, o sobrinos, o alumnos, a los que tratan de educar de la mejor manera posible, a pesar de que este mundo de locos parece que no nos lleve a ninguna parte y que, con una simple canción como Voy en busca de un León, o la recién descubierta We´re going on a bear hunt, pretendemos enseñarles pequeños secretos como que el éxito de cazar un león (o un oso) simplemente está en superar, pasito a pasito, todos los obstáculos que en ese camino nos podamos encontrar.

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Acerca de Carmen Calvo

Aprendiz de todo y maestra de nada. Tranquila en las distancias cortas aunque inquieta de mente. ¿Mi super-poder? Buscarás, buscarás y, al final, lo hallarás.

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  1. Ay….q bonitoo!! Me ha encantado.

    Le gusta a 1 persona

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    • Roxi (Yolanda)

      El comentario era mío pero lo escribí desde el móvil y por lo visto pulsé la tecla de al lado, quise poner Roxi, jeje. pues eso, que me encantó. Besicos!!

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      Responder
      • Jajaja! ¡Gracias! Me gusta mucho como interpreta la canción Mr. Rosen. Imprescindible conocerlo en estos tiempos de bilingüismo, ¿no crees?

        Me gusta

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